El piloto del «Helimer» admite que la búsqueda del «Cordero» se hizo a ojo


Sábado 12 de abril de 2008

La cámara de visión por infrarrojos estaba desmontada por avería y se acababa de instalar el vuelo automático

El comandante, destinado en Gijón, dice que el desconocimiento de la zona complicó la misión y su eficacia


La intervención del Helimer Galicia en el rescate del Cordero , el arrastrero ribeirense que se hundió a 20 millas del cabo Prior el 15 de enero y se cobró cinco víctimas, fue una sucesión de infortunios y despropósitos que podrían haber tenido un final aún mucho más trágico, según se deduce del informe elaborado por el piloto del helicóptero al que ha tenido acceso este periódico. El comandante recoge en su relato las serias deficiencias que presentaba el helicóptero, que pusieron en peligro en varias ocasiones la seguridad de la operación, las complicaciones derivadas del desconocimiento de la zona y las dificultades a las que tuvieron que hacer frente por la falta de medios técnicos, carencias que provocaron que tuviesen que buscar a ojo a los náufragos, con el único apoyo de las luces convencionales del helicóptero.

Ese fatídico día, el Helimer Galicia oficial -un Sikorsky S-61 que estaba pasando la revisión en Noruega- fue sustituido por un Dauphin N2, el que habitualmente hace las veces de Helimer Cantábrico en Gijón. Aparte de que ese modelo no dispone de sistema de posicionamiento automático, ese día la aeronave tampoco tenía instalada la visión nocturna por infrarrojos que detecta los cuerpos por calor, puesto que había sido desmontada por una avería. Por tanto, hubo que realizar la búsqueda a ojo, solo con las luces del helicóptero. Y menos mal que el día anterior se había colocado el sistema director de vuelo -similar al piloto automático-, que acababa de ser reparado .

Aparte de esas carencias, a la hora de despegar, la tripulación descubre más deficiencias: con todas cerradas, la luz de aviso de puertas abiertas no se apaga. Y mientras se está comprobando esa anomalía, resulta que la luz de búsqueda está operativa, pero que la de aterrizaje no se desacopla de la panza de la aeronave, lo que «la deja prácticamente inútil para la misión». El piloto valora entonces la posibilidad de llamar al mecánico de servicio, pero decide continuar «sin medios electrónicos y con solo el faro de búsqueda disponible» en medio de un temporal y con dudas «de la efectividad de la operación».

Pero el despegue no estuvo exento de complicaciones. Al no conocer las características del aeropuerto, el helicóptero se desestabilizó y a punto estuvieron de abortar la misión. Una vez allí, «ante la imposibilidad de actuar directamente en el socorro de los posibles náufragos», no se puede hacer más que permanecer en la zona para localizar y señalizar los restos aparte de orientar a los barcos que participaban en el rescate. Con «medios limitados» y pese a que se iluminaron directamente con el faro los restos reflectantes y las luces estroboscópicas, el comandante no llegó «a identificar una silueta que pudiera reconocer como humana».

Aun así, siguieron volando en la zona «hasta el límite de la autonomía» y solo pudieron identificar una balsa del buque hundido en la que, después, el Don Inda comprobó que no había nadie.