Formar parte de una trágica estadística

Los tripulantes del `Nuevo Amadorín´ aparecen y comienzan las investigaciones.
Viernes 1ro de junio de 2007

Con la recuperación del cuerpo del joven marinero Óscar Blanco, de 19 años, desaparecido el lunes en el naufragio del pesquero Nuevo Amadorín, se cerró una parte de la tragedia que todavía se vive en la población de Burela, en la que residía el rapaz junto con su padre, Máximo Blanco, y su compañero de infortunio de Félix Armando Peña. Los tres han pasado a formar parte de una trágica estadística en la que, para quienes tienen el deber de dar cuenta de determinados hechos, no serán ya sino cifras.

Ahora forman parte ya de ese medio centenar, grosso modo, de víctimas mortales en los últimos cinco años: el O Bahía, frente a las islas Sisargas el 2 de junio de 2004: 10 tripulantes, seis cadáveres y cuatro desaparecidos. El 22 de febrero de 2005, el Siempre Casina, hundido a 21 millas de Ribadeo, nueve marineros: un superviviente, seis muertos cuyos cuerpos fueron recuperados, dos desaparecidos. El 19 de noviembre de 2004, tres pescadores murieron y dos desaparecieron al hundirse el Nuevo Pilín, con base en Santoña (Cantabria), en aguas de Vizcaya...

Esta es la estadística. Lo intangible, lo que no se puede medir o establecer en cifras es el dolor, la desesperación de tantas familias que ni siquiera han tenido el consuelo de poder enterrar al esposo, al hijo, al novio, al padre, al hermano... Y seguimos hablando en clave de inversiones y ponemos sobre la mesa los más de mil millones de euros invertidos en Salvamento Marítimo, un salvamento que en demasiadas ocasiones se circunscribe a la acción de recoger cadáveres en el mar. Otros, en buena hora, lo pueden contar aunque lleguen rotos a la costa desde África, sin ser marineros.

Ahora viene la tarea de informar, de investigar sobre los hechos registrados en la bocana de la ría de Ribadeo, ese corte en la tierra entre Galicia y Asturias que ha dejado la isla pancha como la hoja de un cuchillo que se ha llevado por delante tres vidas: la del padre, la del hijo y la de un peruano que quería dejar atrás la pobreza en la que vivía en su país, al que hoy emprende regreso, muerto.

Es, también, el momento de analizar otras cuestiones. Por ejemplo, a qué se debió que el barco que avisa del accidente en el mar a un servicio de emergencia en tierra, no lo hace por los medios que son de obligado cumplimiento en el mar emitiendo una señal de auxilio, cuando no la de socorro. De haberlo hecho así, cuánto habrían tardado en acudir al lugar de la tragedia los barcos más próximos (si estaban a la escucha de las frecuencias de socorro). Hasta la saciedad se ha hablado de la obligación de las radiobalizas a bordo. ¿Por qué se despachan estos barcos si no las llevan? ¿Por qué salen los barcos a faenar en lugares peligrosos y en condiciones de mar que, tal vez, no sean las más adecuadas?

Hablamos otra vez de "golpe de mar" y se buscan justificaciones en los fallos de motor, en el aparejo que se enreda en la hélice... Todo ésto entra en lo previsible. Y se puede producir cualquier día no sólo una de las cuestiones, sino todas ellas a la vez. Obviamente, con consecuencias tan dolorosas como las que ahora conmueven a todos cuantos viven directa o indirectamente del mar.



Publicado en; LA OPINON DE A CORUÑA. A LUACES