osé Manuel Muñiz Ríos Presidente de Aetinape
Humanizar el trabajo en la pesca
Viernes 7 de marzo de 2008
Una de las opiniones más inteligentes sobre seguridad marítima fue expuesta por una importante autoridad laboral en una reunión de Aetinape: «Si aplicamos a la actividad pesquera la normativa de seguridad e higiene en el trabajo, directamente nos quedaríamos sin flota». Fue hace unos 9 años, pero nada cambió. España sigue ostentando los mayores índices de siniestralidad marítima.
Si no fuese trágico el asunto, produciría risa el trasteo de inmorales declaraciones que se traen los políticos de bajo perfil y algún que otro impostor profesional después de un accidente marítimo. Si a eso añadimos el palabreo de las vísperas electorales, el espectáculo es, simplemente, patético. Estos días asistimos a pronunciamientos un tanto apocalípticos, acusaciones cruzadas sobre el funcionamiento de los servicios de seguridad marítima que normalmente esconden intereses no del todo confesables. El sector está harto de que se frivolice con un asunto trufado por múltiples datos y condicionantes y ante el cual los profesionales náutico-pesqueros, los que están al mando de los barcos, viven en el filo de la navaja.
Las claves de la seguridad marítima están en la prevención, y los condicionantes hay que buscarlos en los horarios de trabajo, la fatiga, mayor control en despachos e inspecciones, precariedad laboral, escasez de medios preventivos (chalecos adecuados, trajes de supervivencia). Es necesario perfeccionar la localización de buques, de chalecos salvavidas con radiobalizas personales, la reducción de tripulaciones, el carácter multicultural de estas y, en general, en los grandes cambios que afectan al sector y el deterioro de las condiciones laborales, primando el interés económico sobre la seguridad.
El papel de la Administración es fundamental. Porque ¿a quién puede acudir un profesional situado entre la espada del armador y la pared de la seguridad a bordo? Hay que incrementar las inspecciones y perfeccionarlas, exigir formación permanente, regulación de horarios, mejoras laborales, política salarial relacionada con el riesgo, investigación y avances tecnológicos que minimicen la accidentabilidad. Medidas que solo se podrán poner en práctica con una decidida acción de las autoridades, que deberían prestar más atención a la prevención de la seguridad, condicionando a las empresas a que las ayudas públicas que reciben se destinen a invertir para desarrollar el trabajo a bordo en condiciones de dignidad y seguridad. Con esas pocas pinceladas que revolucionarían el sector, los jóvenes volverían a la mar, y seguramente bajarían los graves índices de siniestralidad.