Más alla del pesimismo

Analisis de la realidad del Sector Mar
Lunes 23 de octubre de 2006

El otro día acompañaba a un amigo a presentar un documento ante el Servicio de Mediación y Arbitraje de la Comunidad de Madrid, ya que curioso pero cierto, las Empresas Navieras en su mayoría tienen sus sedes sociales “allá donde el mar no se puede concebir”, y la funcionaria que recibía el escrito mostraba su sorpresa ante el contenido marítimo del mismo y a su vez expresaba con agradable complicidad ¡que claro en Madrid se era un poco ajeno a los asuntos del mar!, mi compañero respondió con la elocuente frase “por desgracia también donde hay mar se vive de espaldas a él”. En poco tiempo he podido leer en diversas publicaciones periódicas, cartas de marinos expresando un pesimismo absoluto hacia el futuro de nuestra profesión, y así mismo no son pocos los informes de organismos oficiales que están advirtiendo de la falta endémica de profesionales europeos en este sector. Problema que se agudizará (según dicen en poco tiempo) si no se consiguen nuevas vocaciones convirtiendo en atractiva la profesión marítima, mejorando las condiciones de trabajo, salarios, vacaciones, etc., como forma de paliar dicha situación.

Es quizás en este contexto de pertinaz pesimismo en el que nos estamos desenvolviendo en los ambientes profesionales marítimos, un pesimismo colectivo y aplastante, que parece empujarnos a la perdida absoluta de la esperanza y de la autoestima. Si nuestra administración fuera realizando un seguimiento de lo que se esta expresando a diario en revistas, foros de discusión, conferencias, conversaciones habituales de los marinos, etc., y tuviera realmente como objetivo procurar por el bienestar del sector y de sus profesionales, seguramente decretaría el Estado de Emergencia Marítima, activaría Planes de Contingencia y nos enviaría a todos los marinos a un ejercito de Psicólogos especialistas en el tratamiento a las victimas de desastres naturales o artificiales, en numero mayor de los que envió EEUU a New Orleans cuando lo del Katrina (enviaron ¿no?).

No bromeo, la crisis en nuestra comunidad laboral es indiscutible, aunque de tan prolongada en el tiempo nos hemos acostumbrado a vivir con el monstruo.

Ciudadanos de un “estado o autonomía inexistente”, se nos ha sometido a las más brutales reconversiones y regulaciones de empleo, sin apenas costos ni indemnizaciones, y sin conflictividad social alguna, es decir en pocos años han desparecido más del 50 % de los puestos de trabajo en la mar, ¿alguien se imagina que sucediera algo parecido en la minería o en los astilleros sin que el País se enterara? Y encima nos quitan las pocas competencias que teníamos, ¡habrá que pedir la independencia!

En cumplimiento de Convenios Internacionales (OIT) que reconocian la peculiaridad del trabajo en la mar y la necesidad de unas medidas de protección especiales y concretas para los marinos, se crearon instrumentos como el ISM con funciones de carácter social como las Hospederías y las Oficinas de Empleo Marítimo, junto a una atención médica específica y la Formación Ocupacional y Continua. Sin embargo los procesos de transferencia de parte de dichas competencias a las Comunidades Autónomas han representado en muchos casos una perdida parcial o total de dichos servicios, y sin duda de la homogeneidad de los mismos. Certificado el deterioro del ISM, el enflaquecimiento de una Administración Marítima que aún no estaba terminada, ahora vamos a por el Salvamento Marítimo. Acerca de este tema, me asaltan unas cuantas preguntas; ¿seremos capaces de aprovechar una organización como la que tenemos, que con sus defectos y virtudes esta haciendo un trabajo muy importante, poner en ella el esfuerzo común para consolidar un servicio eficaz para el medio marino y sus profesionales?, o al contrario ¿continuaremos con la creación de nuevas “flotillas” que dispersen medios y recursos? Como así sea, los principales perjudicados volveremos a ser de nuevo los marinos.

El marino (mercante o pescador, lo mismo da) es una especie en peligro de extinción y a pesar de todos los informes y aspavientos oficiales e institucionales, la verdad es que su desaparición preocupa tanto o menos que la de cualquier insecto tropical, entendamonos, me refiero al marino profesional con posibilidades de realizar un trabajo digno y reconocido, en fin como se lo merece cualquier ser humano, no al marino semi-esclavo nueva especie trangenica condenada de “per secula seculorum” a una vida de miseria.

Si en general el capitalismo salvaje y desbocado (que le llaman globalización) ha provocado un retroceso general de los derechos y de las condiciones de trabajo, en el contexto de un sector mundializado y absolutamente liberalizado como el de la Marina Mercante es el “apaga y vámonos”. Que les digan a los armadores “españoles” que deben dar unas condiciones de trabajo dignas a sus tripulaciones “porque no todo es ganar dinero” y ya veréis como con un poco de suerte se nos muere alguno de risa. Eso sí, nos podemos meter con las “banderas de conveniencia” también llamadas piratas o negras (y digo yo porque no las llaman mejor blancas, lo cual reflejaría con más acierto la realidad del origen de sus propietarios), como si no fueran el Capital Europeo y del resto del llamado primer mundo los que están detrás de dichas navieras.

Mientas tanto, aquí en nuestro “País” y bajo “nuestro Pabellón”; cada buque una empresa, contratos en fraude de ley, condiciones distintas para cada tripulante, retrasos premeditados en el abono de los salarios, incumplimiento reiterado de los horarios y jornadas, salarios de miseria, vulneración de los derechos básicos de igualdad y libertad sindical, etc….., un rosario de situaciones que nos dan como resultado empleo precario e inseguro, y que en algunos casos culminan en el desprecio al trabajador profesional de la mar y que, siempre, provocan una sensación de indefensión y abandono absolutos. Si a todo ello le añadimos la actitud complaciente con la patronal de algunos sindicatos mayoritarios, a unos corporativismos rancios que poco o nada han hecho por quienes teóricamente representan y menos por los demás, la herencia de una mentalidad paternalista y jerárquica y de una Administración Marítima menguada, asediada e incapaz, nos dan la combinación perfecta para poder certificar la muerte del Sector.

Hasta aquí lo que todos sabemos y que no es nada nuevo, tenemos los síntomas y la enfermedad se ha manifestado. Ahora deberíamos buscar el remedio. La cuestión no es fácil pero el proceso de curación será completo cuando nuestro objetivo final sea el bien común y en consecuencia también de los marinos, porque ambas cuestiones van y deben ir juntas. La mar debe dejar de ser asunto ajeno al resto del mundo, y ser materia de preocupación de nuestra sociedad no sólo cuando se produce un siniestro marítimo. La mar necesita de cuidados permanentes y de un tratamiento multidisciplinar. Más allá de las competencias de las diferentes Comunidades Autónomas y Administraciones Estatales, se debería unificar, agrupar y gestionar de manera eficaz los diferentes recursos existentes y establecer políticas conjuntas a los problemas que nos son comunes, puesto que la mar no entiende de fronteras ni de Autonómias. No es la primera vez que se aboga por una administración marítima unificada, representativa y respetada, y a su vez con capacidad para llevar adelante las políticas adecuadas que den impulso al sector marítimo y a sus profesionales, implicando a todos en el más escrupuloso respeto con el medio ambiente marino. Políticas con objetivos reales de servicio a los ciudadanos, alejadas de los actuales ejes fundamentales de funcionamiento basados en el beneficio empresarial inmediato a cualquier precio, y del “pan para hoy, hambre para mañana”.

A su vez los trabajadores de la mar, también debemos asumir nuestra responsabilidad; intentar dejar de lado el pesimismo estéril y paralizante, y comenzar a decidir el rumbo de este bien común, no de unos pocos, que es la mar. La tarea es ardua porque las propias condiciones de trabajo, el alejamiento y la disgregación de nuestro colectivo no ayudan precisamente, pero las dificultades nunca han sido ajenas a los marinos y más que otros colectivos estamos acostumbrados a enfrentarnos a duras situaciones y condiciones de riesgo. Solo nos hace falta estar convencidos de querer ser parte activa y decisoria de nuestro destino.

Llegado a este punto, solo queda expresar una certeza, si lo deseamos, unidos podemos cambiar nuestra realidad. Para ello hay que participar de forma generosa, poniendo lo común por delante de lo particular, sabiendo que finalmente lo conseguido será beneficioso para todos.

Ya podemos quejarnos de las actitudes de representantes sindicales y de organizaciones profesionales, que si no ponemos remedio y nos seguimos dedicando al lamento en lugar de participar y exigir, algunos van a continuar mercadeando favores y prebendas en nuestro nombre, dedicándose al clientelismo o a hacer de agencia de colocación de los afines, en beneficio propio y de los suyos. También podemos seguir lamentándonos del Armador que nos hace contratos basura, nos paga salarios de miseria o nos maltrata incluso de palabra y obra. Sino ponemos esfuerzo individual y común para hacerle frente, continuaremos arrastrando nuestra dignidad por los suelos. Tres cuartos de lo mismo ante la Administración, no nos quejemos de su ineficacia y de sus arbietrariedades, exijamos un buen servicio, al fin y al cabo el que nos merecemos y por el cual pagamos.

La ruta propuesta no es corta ni fácil, pero si necesaria, por tanto cuanto antes nos pongámonos manos a la obra hasta conseguir echar de la mar a todos los sinvergüenzas que se alimentan del sufrimiento y el esfuerzo de los marinos y a su vez recuperemos la dignidad de nuestra profesión, mejor. Tomemos ejemplos; los Estibadores han parado una directiva Europea que ponía en peligro sus condiciones laborales, y yo me pregunto; ¿acaso los puertos sirven de algo sin buques?, y los buques ¿funcionan sin marinos? Por el momento NO, aunque algunos les gustara. ¡Gracias!

Salud


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  • Mensaje 1
    • por fdsafds,22 de julio de 2011 Más alla del pesimismo

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