Reportaje

Salvados por el lujo

El zaragozano Antonio Aguilar fue pasajero del crucero ’Jules Verne’ cuando rescató a una patera en aguas de Malta
Lunes 3 de septiembre de 2007

El lujo y el confort chocaron con la cara más dura de la realidad en medio de la nada. Así lo confirma el testimonio de Antonio Aguilar, uno de los pasajeros zaragozanos que se encontraba a bordo del crucero Jules Verne cuando se produjo el rescate de trece personas naturales de Eritrea de una patera que navegaba por aguas de Malta.

Ni los tripulantes ni los viajeros que esperaban pasar unas vacaciones visitando el itinerario de las Perlas del Mediterráneo, olvidarán nunca lo sucedido tras encontrarse en su viaje dos pateras en pleno mar abierto. El Jules Verne estaba en aguas internacionales cuando avistó la primera patera con 250 pasajeros.

Este buque de cinco estrellas venía de Libia cuando topó con la tragedia. "Eran las dos de la mañana. Chocamos con algo, se oyó un fuerte golpe y se abrieron las puertas de los camarotes. Después escuchamos los chillidos y gritos que procedían del agua. Entonces empezó un viaje distinto", afirma Antonio y añade que a los inmigrantes del primer cayuco se le dio agua y alimentos, "pero ninguno subió a cubierta". Salvamento Marítimo apareció por la mañana y los condujo hasta un hospital de Malta tras ser remolcado por el buque durante toda la noche.

La segunda patera, de menor tamaño, apareció una hora y media después: estaba vacía y hundida. Sus pasajeros, unas 27 personas flotaban como podían, algunos con salvavidas y otros en bidones de gasolina. "Nosotros rescatamos a trece, más dos muertos y un bebé de nueve meses que también había fallecido al que su madre llevaba en brazos y no lo soltaba", cuenta.

En un primer momento, dos lanchas se encargaron de rescatar a los inmigrantes uno por uno. Después aparecieron dos barcos de mercancías. "Entre todos rodearon a los naúfragos y comenzaron a dar vueltas a su alrededor para generar un remolino que los sacara a todos del centro. Estuvimos cinco horas dando vueltas", afirman los pasajeros. También intervinieron dos helicópteros, uno de Italia y otro de Grecia. "De Malta no apareció nadie y eso que eran los que más cerca estaban", recalca el viajero zaragozano.

La familia de Aguilar viajaba con él. "Mis dos hijos lo vieron todo y me preguntaban que por qué estaba toda esa gente en el agua". Según Antonio, los responsables del plan de emergencia no se preocuparon por los pasajeros. "Toda la tripulación se volcó en la ayuda y eché en falta que en esos momentos las animadoras al menos continuaran con las actividades, por el bien de los niños", explica. Otra de las quejas es que nadie se dirigió a ellos para decirles cómo tenían que actuar. "Desde que se produjo el rescate nos quedamos sin información. Nos llegaron rumores de que a lo mejor no podríamos bajar en Barcelona porque estábamos en cuarentena", afirma Antonio. Algunos pasajeros se dirigieron a ayudar y estuvieron en contacto con los inmigrantes. "Sin embargo, después volvieron con el resto de los turistas", reprocha.

La procedencia de la tripulación del barco pudo ser uno de los motivos del descontrol. "Tanto el servicio hostelero como los tripulantes eran cubanos, rumanos, ucranianos, etc.", aseguran los viajeros.

El primer desembarco en las costas españolas fue en Barcelona donde se quedaron los trece rescatados y la mayoría de los pasajeros, entre ellos Antonio, quien no dejó atrás un simple crucero, sino una lección de humanidad. "No puedes poner en una balanza la vida de alguien con un viaje de placer. El rescate era obligatorio".