Un día con los rescatadores


Lunes 28 de julio de 2008

JUAN Carlos Rodríguez de Vera López, patrón de la embarcación de Salvamento Marítimo ’Salvamar Hamal’ estaba ayer pendiente y atento al numeroso público que se acercaba un tanto tímido a su barco, pero que rápidamente accedía a saltar a su interior una vez que la tripulación le tendía los brazos para acceder a ella. Al igual que otros tantos cientos de veces han tenido que tender los brazos, pero en situaciones completamente distintas y dramáticas; ocasiones en las que la reducida tripulación se ha visto sola frente a la desolación, la tempestad y el destino torcido para centenares de personas anónimas que viajan en las pateras.

Rodríguez, sin embargo, hoy está orgulloso de que la pérdida del anonimato de estos ’salvadores’ del mar permita dar a conocer a sus conciudadanos cómo trabaja Salvamento Marítimo, que depende del Ministerio de Fomento, a través de la dirección general de la Marina Mercante. «Nos dedicamos a salvar vidas humanas pero también a aspectos tan desconocidos para la gente como la lucha contra la contaminación en el mar», explica el patrón. Un cometido de veinticuatro horas al día que más que cometido es responsabilidad y compromiso.

La embarcación está preparada para afrontar cualquier emergencia en apenas veinte minutos. El barco se lanza a mar abierto con todos sus medios y personal a bordo. La embarcación, con cuatro tripulantes, tiene una autonomía de 300 millas y 35 nudos la hora y su nombre ha aparecido decenas de veces en todos los medios de comunicación comarcales y nacionales, ya que son los rescatadores de los que se juegan la vida en las pateras.

De turismo

Son tan conocidos que motrileños y visitantes no quisieron perderse ayer la visita guiada en la jornada de puertas abiertas celebrada en la dársena portuaria, a pesar de un sol abrasador. Ése mismo que tantas veces ha cercenado la lucidez de quienes finalmente pudieron ser rescatados por Salvamento Marítimo.

Carlos Denia es un motrileño afincado en Barcelona que, en plenas vacaciones, se enteró de la convocatoria y se presentó acompañado por toda la familia para salir muy contento de la visita a la Salvamar y al Remolcanosa Cinco, un buque remolcador convencional que se moviliza en aquellos casos en los que se encuentran siniestros que pueden repercutir en la seguridad marítima de buques mercantes principalmente (realizan funciones de acompañamiento a buques con problemas de gobierno o propulsión, etc.).

El público, curioso, se movía de proa a popa por uno y otro barco, con movimientos controlados y más de una mirada recelosa de reojo al mar plateado que ayer ni se movía.

«La gente pregunta mucho por el tema de la inmigración ilegal y las pateras -explica Juan Carlos Rodríguez- y es normal, aunque a los niños se le van los ojos detrás de la maquinaria o de los trajes naranjas».

Los cuatro tripulantes del navío eran ayer guías perfectos que mostraban la tensión a la que su trabajo les enfrenta cada día. Gracias a ellos muchas personas indefensas y a merced de las olas no han convertido el mar en su tumba.

«Nos enfrentamos a situaciones tremendamente desagradables, desde 2001 hemos salvado más de 7.300 personas y esto es algo que te desborda en todos los aspectos», asegura.

Profesionales

No obstante, el patrón incide en la ayuda y profesionalidad que también se desborda desde otros frentes, como es el caso de la Guardia Civil, un cuerpo «del que solo se pueden hablar cosas extraordinarias». Por su parte, Miguel Angel Arjona, inspector de seguridad marítima en la Capitanía Marítima de Motril y capitán marítimo en funciones, no oculta tampoco su satisfacción personal por la jornada de puertas abiertas. Arjona afirma que la inmigración, indudablemente, ha situado a la sociedad estatal de Salvamento Marítimo en el punto de mira ciudadano.

«La difusión de lo que hacemos es increíble, y por eso mismo el público tiene curiosidad por conocernos, al margen de los propios amantes de la náutica de recreo que también están pasando por aquí», explica.

Nuevo sistema

Precisamente, los tripulantes de recreo lanzan anualmente cientos de peticiones de auxilio. Más aún, a primeros de año todas estas embarcaciones irán provistas obligatoriamente de un sistema que, a través de un pulsador, pondrá en activo todos los medios de ayuda tanto marítimos como aéreos.

Mientras se alude a datos, cifras y labor de profesionales; el público recorre las embarcaciones y en el caso del remolcador se provocan situaciones simpáticas con la gente menuda, pues las escaleras que conducen al puente de mando son tal elevadas que desatan el vértigo, acompañado de llanto y gritos de los pequeños.

Allí, Angel Villar, capitán de la Marina Mercante, destaca el interés de la gente. «Este es un servicio que cada vez es más conocido para la sociedad, gracias sobre todo a los medios de comunicación, pero lo más destacado es que todo el mundo es consciente de que estamos aquí para salvar vidas humanas». Y así es.